¿Es posible?

Que ella sea testigo,

la última hoja de mi libreta,

del esbozo de tu cuerpo,

descrito con garabatos,

que invoquen tu belleza.

Necesito más tinta,

requiero más espacio,

tu dulzura es infinita.

¿Tal vez un lienzo?

te amalgamaría completa,

modelarte, es una premura,

verte de nuevo, es necesario,

¡podrías ser mi lienzo!

¿es posible?

cumplirías mi sueño,

ya no quiero retratarte,

sólo mi prólogo: sería tocarte.

Contemplación

Mis dedos no te podrían dibujar, son casi inertes,

Tu silueta es megalítica, pero más dulce que el almíbar,

Un poeta en noche bohemia, espera por ti desnuda,

Mi asombro al verte, apenas logra besarte,

Tus ojos no oyen mi llamado, mas siento que tu rostro me transporta,

Tus cabellos me atan, mas tu boca no me habla,

Te susurran mis orejas, mientras encienden el lejano faro,

¡No muevas otra vez tu mano! Que tu aroma me llama,

Porque si soy sólo yo, sería en vano.

 

No Lid

Blasfemia, la sangre expulsada sin razón ni conciencia,

Esperanza, avizorar la lid bélica fulminada por un cielo sin sombras,

Execrable, la persistencia de lebreles por un atrio en Roma,

Peligrosa, la hoz y el martillo que importunadamente se instaura,

Esperada, la extinción de gritos guturales provenientes de linajuda medalla,

Sacrificada, la luz que a oscuras del alma sanando se dilata,

Fulgurante, el encuentro de las ánimas en el regazo del ave blanca,

Bienvenida, la razón y el ser que a tanto delirio con su vida den estanca.

Pasión

En tiempos efímeros del hombre la inquietud urge,

El frenesí y la excitación insinúan voces mudas,

Sacudidas por el sentimiento sublime que cunde,

Bajo pasiones del alma que se dilatan sin cordura.

 

Untar tus labios con el fulgor los míos,

Apretujar tu torso con mis intenciones,

Aprisionar la caja de los deseos,

Y cantar como juglar de pueblo vivo.

 

Con un telón a la rienda suelta,

Sin una meta que la detenga,

O vejámenes ajenos que se impongan,

Quiero que la pasión no se abstenga.

Ahora soy nada

Porque otra vez, ya no soy nada. Ahora soy menos que el viento de un frío y lúgubre día que no encuentra tu cuerpo para estremecerlo en busca de mi calor.

Ahora soy el discurso que Demóstenes nunca oró, por miedo a ser insulso y efímero. Porque si fuera cáustico, fuera uno de ellos.

Ahora soy explícitamente bizantino, ante lo que pude ser.

Ahora soy el prelado, a quien lo tentó el celibato antes de deprecar sus oraciones de castidad.

Ahora no soy más que una arcaica espada medieval que jamás hubiese utilizado Arturo.

Ahora soy, lo que nunca intenté.

Somos del Ecuador

 

Sobre el filo de una copa, rebotan brumosas espumas que agitadas descienden  hasta morir secas en la torre de un pedazo de cristal. El período de ebullición se disuelve con tocar un ambiente ajeno.

Pero, ¿por qué sucede? Pueden existir muchas respuestas claras y muchas obcecaciones también. Conversé con alguien que me dijo que el Ecuador le parece un suelo lleno de riquezas, somos más de 14 millones que en acto de patriotismo lo hemos dicho, pero es más atenuador el hecho que lo diga alguien que no es de este país. Que no haya pisado países ‘florecientes’ como Estados Unidos, Alemania o Francia; pero que así lo haya hecho se quedaría en el Ecuador.

Lamentablemente, esto requiere ser dicho, somos una de las peores sociedades en el desarrollo de su cotidianeidad y convencionalidades.  Hay una mediocre excusa, “es que aquí es el Ecuador”.

Somos del Ecuador, del cual muchos celebran ser el más ‘hombre del barrio’, que se contenta con tener más de una mujer a la vez (sin incluir a su madre).

Somos del Ecuador, Ecuador, que conduce sus vehículos siempre a la ofensiva y de manera lacerante. Donde el que más pita o más duro lo hace, es el más bravo.

Somos del Ecuador, que se reúne a jugar un partido de fútbol sala en la cancha del barrio, y el que no tiene o no quiere apostar, no juega. Hasta de la actividad deportiva más insignificante y prominente a la vez se pretende lucrar.

Somos del Ecuador, que se lamenta las veces que nos mandan deberes de más, o tareas de investigación, cuando  no nos damos cuenta que la investigación acelera el desarrollo de países a los que criticamos y llamamos imperialistas. Vivimos del prejuicio, no efímero sino permanente.

Somos del Ecuador, que pretende un aumento de sueldo y un ascenso en el trabajo, o cualquier otro aliciente, sin estudiar ni prepararnos; todo lo queremos gracias a una ‘palanquita’.  Es que la vida la hacemos tan fácil.

Somos del Ecuador, que critica al que se prepara, al que se capacita y al que estudia. Él es el ‘cepillo’, porque nos duele ver a alguien proactivo, cerrar los ojos y ver en el espejo de nuestra conciencia que estamos siendo incapaces. Ah cierto, eso es ‘envidia sana’.

Somos del Ecuador, que ve a su vecino instalar un negocio frente de su casa, y al poco tiempo de enterarse que le va bien, ponerse un igual o peor. Ni para generar competencia hay capacidad.

Somos del Ecuador, que sufre de regionalismo estando en una misma nación. Donde el serrano es el cochino y el costeño es el ladrón; y del resto ni nos acordamos que existen por vivir en discordia.

Somos del Ecuador, en el que todo dirigente es inservible y corrupto, y no somos capaces de emprender o asumir un liderazgo para terminar con eso. Sólo aprendimos a ser jueces, pero no parte.

Somos del Ecuador, que privilegiamos una noche de farra, a una noche en familia, o una noche de lectura. Mover el cuerpo nos sale más fácil, más aún con alcohol de por medio.

Por último, somos del Ecuador, que accidentalmente leyó breve artículo y lo criticó de afrentoso, especulativo, alabancioso o trivial. Y del Ecuador que, perdió varios minutos porque a pesar de personificarse e identificarse con algún párrafo de estos y decir ¡ah cierto!, no va a hacer ni va a cambiar en nada.

Al final

Pregonad la venida, no del Mesías sino de la salida,

Que usufructúe el bien de su poder,

Para abolir el mal del hombre,

Que se acrecienta por el poder que ambiciona.

 

La perecedera calma del prójimo,

Se trastorna con la voluntad del perverso,

Que como égloga de la vida disfruta,

Especulando triunfos  que enviudan prósperos.

 

La atenuada tranquilidad de un pueblo,

Zozobrada por los avasalladores del génesis humano,

Se asentará por ahora en un lunfardo cielo,

Hasta llegar al tótem de la ansiada eternidad.

No Lid

Blasfemia, la sangre expulsada sin razón ni conciencia,

Esperanza, avizorar la lid bélica fulminada por un cielo sin sombras,

Execrable, la persistencia de lebreles por un atrio en Roma,

Peligrosa, la hoz y el martillo que importunadamente se instaura,

Esperada, la extinción de gritos guturales provenientes de linajuda medalla,

Sacrificada, la luz que a oscuras del alma sanando se dilata,

Fulgurante, el encuentro de las ánimas en el regazo del ave blanca,

Bienvenida, la razón y el ser que a tanto delirio con su vida den estanca.