
Sobre el filo de una copa, rebotan brumosas espumas que agitadas descienden hasta morir secas en la torre de un pedazo de cristal. El período de ebullición se disuelve con tocar un ambiente ajeno.
Pero, ¿por qué sucede? Pueden existir muchas respuestas claras y muchas obcecaciones también. Conversé con alguien que me dijo que el Ecuador le parece un suelo lleno de riquezas, somos más de 14 millones que en acto de patriotismo lo hemos dicho, pero es más atenuador el hecho que lo diga alguien que no es de este país. Que no haya pisado países ‘florecientes’ como Estados Unidos, Alemania o Francia; pero que así lo haya hecho se quedaría en el Ecuador.
Lamentablemente, esto requiere ser dicho, somos una de las peores sociedades en el desarrollo de su cotidianeidad y convencionalidades. Hay una mediocre excusa, “es que aquí es el Ecuador”.
Somos del Ecuador, del cual muchos celebran ser el más ‘hombre del barrio’, que se contenta con tener más de una mujer a la vez (sin incluir a su madre).
Somos del Ecuador, Ecuador, que conduce sus vehículos siempre a la ofensiva y de manera lacerante. Donde el que más pita o más duro lo hace, es el más bravo.
Somos del Ecuador, que se reúne a jugar un partido de fútbol sala en la cancha del barrio, y el que no tiene o no quiere apostar, no juega. Hasta de la actividad deportiva más insignificante y prominente a la vez se pretende lucrar.
Somos del Ecuador, que se lamenta las veces que nos mandan deberes de más, o tareas de investigación, cuando no nos damos cuenta que la investigación acelera el desarrollo de países a los que criticamos y llamamos imperialistas. Vivimos del prejuicio, no efímero sino permanente.
Somos del Ecuador, que pretende un aumento de sueldo y un ascenso en el trabajo, o cualquier otro aliciente, sin estudiar ni prepararnos; todo lo queremos gracias a una ‘palanquita’. Es que la vida la hacemos tan fácil.
Somos del Ecuador, que critica al que se prepara, al que se capacita y al que estudia. Él es el ‘cepillo’, porque nos duele ver a alguien proactivo, cerrar los ojos y ver en el espejo de nuestra conciencia que estamos siendo incapaces. Ah cierto, eso es ‘envidia sana’.
Somos del Ecuador, que ve a su vecino instalar un negocio frente de su casa, y al poco tiempo de enterarse que le va bien, ponerse un igual o peor. Ni para generar competencia hay capacidad.
Somos del Ecuador, que sufre de regionalismo estando en una misma nación. Donde el serrano es el cochino y el costeño es el ladrón; y del resto ni nos acordamos que existen por vivir en discordia.
Somos del Ecuador, en el que todo dirigente es inservible y corrupto, y no somos capaces de emprender o asumir un liderazgo para terminar con eso. Sólo aprendimos a ser jueces, pero no parte.
Somos del Ecuador, que privilegiamos una noche de farra, a una noche en familia, o una noche de lectura. Mover el cuerpo nos sale más fácil, más aún con alcohol de por medio.
Por último, somos del Ecuador, que accidentalmente leyó breve artículo y lo criticó de afrentoso, especulativo, alabancioso o trivial. Y del Ecuador que, perdió varios minutos porque a pesar de personificarse e identificarse con algún párrafo de estos y decir ¡ah cierto!, no va a hacer ni va a cambiar en nada.